jueves, 4 de julio de 2013

Ibiza, calas recónditas y salvajes

Desde hace más de una década, cada verano elijo esta isla pitiusa para desconectar del mundanal ruido y recargar pilas. En cada escapada me sorprende el descubrimiento de un nuevo rincón, una cala escondida, una puesta de sol más hermosa que la anterior...
Y es que su escueta dimensión, unos 572 kilómetros cuadrados, no es proporcional a la inmensa cantidad de lugares perdidos entre pinos, acantilados o angostos caminos que aún tengo que recorrer...
 Hoy os entrego un pedacito de mis dos últimos hallazgos: Cala Olivera, donde se respira el auténtico espíritu de la Ibiza hippie.

Cala Olivera, mágica y genuina
Os quiero desvelar uno de los secretos mejor guardados de la isla, pero shhhhhhhhhhhh.... que no salga de aquí. Uno de los motivos que hacen tan especial a esta cala es su recóndita ubicación, así como la ausencia de indicaciones para llegar hasta ella. En el interior de la exclusiva y prestigiosa urbanización Roca Llissa, a la que se accede desde la serpenteante carretera que une Jesús con Sta. Eulàlia, nos espera Cala Olivera. Es necesario adentrarse en la urbanización para encontrar algún cartel que nos informa sobre la existencia de la cala. Una intuición personal me condujo hasta un inclinado camino de arena que desemboca en este mágico paraje.
La sorprersa fue mayúscula. Una cala pequeñita de aguas extremadamente tranquilas y cristalinas con una de las mejores panorámicas de la isla. Desde las rocas que abrazan la cala se vislumbra Formentera, así como diversas formaciones rocosas  de impresionante belleza.
Otro de los aspectos que más me llamó la atención fue su genuino ambiente hippie. Sobre las rocas que flanquean Cala Olivera, diversos personajes de estilo bohemio y alternativo tomaban el sol, charlaban animadamente, se sumergían desnudos en el mar, paseaban a sus mascotas...
No pude resistirme al poderoso magnetismo energético que desprendía  el lugar y deposité mi pareo sobre una roca para dejarme acariciar por los últimos rayos de sol de la tarde mientras mi mirada se perdía en la belleza del horizonte. Es posible que, embriagada por la espiritualidad del ambiente, me visitara la inspiración y en ese instante tomé una decisión que podría cambiar el rumbo de mi vida... quién sabe...